El tiempo: el contraste entre una nueva vida y la muerte

Hablar del tiempo es sumergirte en grandes abismos, tabúes y perspectivas que, en su mayoría, son subjetivas.

Si te hablo hoy del tiempo es para contarte lo rápido que pasa, es lo único en la vida que no se detiene, te hace fuerte, te brinda enseñanzas, pero al mismo tiempo acaba con tu juventud y energía.

Si bien es cierto, el tiempo puede ser el comienzo de algo nuevo y también el capítulo final de una historia, la luz de un nuevo día de un recién nacido contrastado del último aliento de un humano, anciano, moribundo o aquella persona que ya tocaba el tiempo de partir de esta vida.

Cuando nacemos, está en nuestra mente la idea que nuestro fin será un día muy lejano, cuando seamos exitosos, con una hermosa casa, auto, lujos, familia, en pocas palabras una vida estable; y que envejeceremos con el amor de nuestra vida viendo a los hijos crecer y casarse, estar rodeado de nietos y ahí, será entonces – con arrugas en manos, cuello, frente – que estaremos esperando nuestro lecho de muerte; pero el tiempo y la vida dan giros inesperados, ¿qué pasaría si te dijera que mañana morirás en un accidente automovilístico o tu ser más querido fallecerá al dormir? ¿Cambiaría tu perspectiva de la vida? ¿Harías o dirías algo que, en un día común, no lo tenías contemplado?

Estamos en un mundo que corre tan de prisa que no nos detenemos a apreciar lo más simple: atardeceres, naturaleza, el canto de los animales, la salud en sí y la compañía de tu familia. Trabajamos hasta tarde incluso sabiendo que, al error más mínimo, podemos ser despedidos y reemplazados al siguiente día porque, vamos, nadie es indispensable. Malgastamos la vida en vicios y actividades tan terrenales que no nos aportan nada bueno ni nos nutren; nos molestamos, gritamos, herimos a las personas, nos alimentamos de una forma tan poco saludable que hasta pareciera que no nos queremos a nosotros mismos ni nos preparamos para cuando lleguemos a viejos.

«La vida se pasa volando», una frase que mi padre no se cansa de repetirme a sus casi 70 años; «más sabe el diablo por viejo que por diablo», complementa mi madre a sus 56 cada que me demuestra que tuvo razón en lo que me dijo o simplemente cuando mi padre hace algo que yo, por más torpe, aún no sé hacer. Aunque no lo crean, estoy a pocos meses de cumplir mis 27, y cada vez que menciono a mis amigos o hermanos que soy un alma vieja, siempre se ríen y mencionan que «estoy loco», pero creo que no me entienden. He pasado por cosas que, con el paso del tiempo, me hicieron madurar antes de lo que hubiera querido, las lecciones de la vida, así como las circunstancias que puso en mi camino, me han convertido en un ser que le cuesta mucho trabajo relacionarse con personas de su edad porque, mientras ellos viven de fiesta y alcohol, mi mentalidad se inclina más por el lado de la introspección. Y sí, como todos, a veces me pregunto qué fuera menos estricto conmigo mismo, si me alejara de esa rigidez y caparazón que me rodea; ¿sería más feliz?, ¿hubiera logrado todo lo que hasta ahora? Eso no se sabe…

El tiempo lo cura todo, las tristezas, la soledad, la partida física o emocional de un ser querido, todo, absolutamente todo será el tiempo el encargado de curar esa herida; será él quien te haga ver las cosas de una perspectiva distinta, te hará sanar.

¿Hace cuánto no haces lo que te gusta?, ¿por qué no te dedicas tiempo para consentirte y amarte a ti mismo?, ¿cuándo te darás la oportunidad de disfrutar cada minuto del día? Si lográramos cambiar nuestra forma de ver la vida, el tiempo no sería un problema. Si entendiéramos lo fuerte de la frase «no es un día más, sino un día menos», tal vez ahí comenzaremos a valorar lo que realmente importa, porque nos daríamos cuenta que el tiempo es vida, pero también muerte. Es dolor, pero también sana; es juventud y vejez, inocencia y sabiduría.

El tiempo te cambia. Pasa a los amantes de su cuerpo, cuando con disciplina, constancia y dedicación deciden transformar su cuerpo. Ocurre cuando compras una mascota y en tan solo un par de meses la ves ya enorme. Sucede cuando sientes un dolor en el corazón del cual crees no poder salir; el tiempo lo es todo.

Nunca creí sentirme así algún día, es impresionante cómo en tan solo tres años puede una persona cambiar física y mentalmente, el ver cómo hay personas que entran y salen de tu vida en su debido tiempo; amistades, relaciones, familiares, en realidad no importa, son contados los que se quedan en tu vida y el cómo cada uno, de forma indirecta, aportan algo en ti.

Ahora que te hice reflexionar un poco, recuerda que estamos de paso, que en un abrir y cerrar de ojos ves a tus sobrinos cada vez más grandes, a tus papás cada vez más viejos y tú, al mirarte al espejo, te ves diferente, te sientes diferente y tu forma de expresar cambia. Que entre más pasa el tiempo, serás más viejo, con mayores responsabilidades, enfermedades y menos energía. Entonces, ¿harás algo para comenzar a disfrutarla antes de que el tiempo te acabe?

Publicado por alexvillarrealsite

Amante de la redacción y el buen uso de la ortografía en cualquier medio; en cualquier lugar. Viajo, conozco y descubro. Comparto lo sorprendente de México con el resto del mundo.

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